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EDUCACION PARA LA SOSTENIBILIDAD
     
     
  El siglo XXI nos da la posibilidad de disfrutar de notables innovaciones beneficiosas para la humanidad. La esperanza de vida se ha incrementado considerablemente, se han descubierto tratamientos para diversas enfermedades, somos capaces de producir alimentos altamente nutritivos y podemos conocer cualquier lugar del planeta, o de obtener cualquier producto sin salir de casa. Hemos sido capaces de crear una gama de productos y procesos cada vez más complejos que responden a necesidades específicas y nos permitimos comunicarnos en tiempo real con cualquier persona en cualquier lugar del mundo. Hoy lo lejano se nos hace cercano.

Nos encontramos ante una situación de interdependencia absoluta de la ciencia y la tecnología en pos del “estado de bienestar”. Sin embargo, la gran mayoría de la civilización es sistemáticamente excluida de sus derechos fundamentales. El mundo contemporáneo y su civilización occidental han conducido a la humanidad toda a ser partícipes de la mayor degradación de la civilización. La idea de que todo está al alcance de nuestras manos no es más que una ilusión que conduce a gran parte de la humanidad a forzar cruelmente los límites, las barreras absolutas del desarrollo de la existencia humana en nuestro planeta.

La dependencia actual del saber, a la ciencia y la tecnología, ha acrecentado la brecha de desigualdades e incluso es responsable en gran parte de la involución de los logros alcanzados en cuanto a nivel de vida. La forma en la que nos relacionamos con el conocimiento es esencial para satisfacer las necesidades reales de la humanidad y contribuir a dotar a todas las personas de una comprensión más profunda de la naturaleza y la sociedad, de calidad de vida y un entorno sano y sostenible, para las generaciones presentes y futuras. En tal sentido surge la preocupación por la educación en todo este proceso. Ineludiblemente los enfoques educativos contemporáneos deben contribuir a preservar la vida y su relación con el entorno, los derechos fundamentales y el bienestar de las generaciones siguientes.
 
     
     
 
 
 
La vida en nuestro planeta es frágil, lo es para los microorganismos, para las especies y más para aquellas en vías de extinción, para grandes compañías que dependen del mercado global, para bancos que no resisten la crisis financiera, para gobiernos que caen, para los niños que no reciben medicinas, para jóvenes que quieren independizarse, y lo es para aquellos que no tienen educación. Cualquier intento de hacer frente a los problemas sociales, ambientales y económicos que hoy nos preocupan, ha de contemplar el desafío de la complejidad, de las relaciones entre las partes, de la interdisciplinariedad.

Explica Edgar Morin, “Las ciencias humanas tratan del hombre, pero éste no es solamente un ser psíquico y cultural, sino también un ser biológico, y la ciencias humanas están de cierta manera enraizadas en las ciencias biológicas, las cuales están a su vez enraizadas en las ciencias físicas, ninguna de ellas, evidentemente, reductibles la una a la otra. Sin embargo, las ciencias físicas no son el pedestal último y primitivo sobre el que se edifican todas la otras; estas ciencias físicas, por fundamentales que sean, son también ciencias humanas en el sentido que aparecen dentro de una historia humana y de una sociedad humana”. De esta manera, nos encontramos ante un escenario complejo en cuanto a la educación, el saber debe dotar a la humanidad de enfoques conceptuales y pragmáticos que generen una influencia responsable en su conducta y sus perspectivas. La educación para la sostenibilidad dota de sentido en la formación de futuros profesionales si hemos de alcanzar el anhelado “estado de bienestar” para todos.

La educación para la sostenibilidad pretende potenciar las capacidades para asegurar el bienestar de los pueblos, tanto para una colectividad dada como para el conjunto de la humanidad y nuestro planeta. Educar para la sostenibilidad es formar hoy y actuar para el futuro, a largo y corto plazo, contemplando el equilibrio de nuestro planeta. Diversos son los esfuerzos de gobiernos, entidades internacionales, educadores, científicos y otros actores involucrados en este particular desafío sostenibilista.La Declaración de Río formulada por la Conferencia Mundial de 1992 sobre el medio ambiente y el desarrollo fue basada en la idea que los seres humanos tenemos derecho a una vida sana y productiva en armonía con la naturaleza. Haciendo suya esta afirmación, la Declaración de Johannesburgo, adoptada en el Congreso Mundial para el Desarrollo en 2002 confirmaba el compromiso tomado por los jefes de Estado y los gobiernos mundiales de "volver la sociedad mundial más humana, más caritativa y más respetuosa de la dignidad de cada uno". El Congreso de Johannesburgo reafirmó que la educación era la base del desarrollo sostenible y reiteró el compromiso del Congreso de Río. En diciembre 2002, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la resolución 57 / 254 relativa al Decenio de las Naciones Unidas para la Educación con miras al Desarrollo Sostenible (2005-2014) y designó a la UNESCO como órgano responsable de la promoción del Decenio.

Inspirados en la Década ESD (Educación para el Desarrollo Sostenible), gradualmente algunos países y organismos diversos adhieren estas directrices a sus actividades. El proceso es lento y requiere un alto grado de compromiso, muchas son las instituciones educativas que están tomando acciones concretas en este desafío. En educación, distintas estrategias son implementadas en todos los niveles, desde las Agendas 21 escolares, herramientas pedagógicas innovadoras, prácticas en ámbitos no-formales e informales, la ambientalización y sostenibilización curricular, programas específicos de especialización de grado y postgrado y nuevas líneas de investigación. Además, desde hace unos 10 años se desarrollan tareas de administración y gestión de sistemas ambientales en las Instituciones educativas, siendo éstas materia de estudio, práctica e implementación que beneficia a su propia organización.

La tarea no sólo compete al mundo educativo sino también atañe a las esferas públicas, privadas y a la sociedad en su conjunto. El sector privado y los dirigentes políticos deben reforzar la necesidad de educar para la sostenibildiad porque éste es un desafío interdisciplinario. La educación para la sostenibilidad necesita del respaldo y el compromiso de los gobiernos, necesita una legislación acorde, como también necesita que el sector privado la traduzca en valores en su aplicación para así ser realmente transformadora.
 
     
  AUTOR  
 
Ana Paula Motrel
EESD-Observatory UPC
 
Boris Lazzarini
Càtedra UNESCO de Sostenibilitat. Universitat Politècnica de Catalunya
 
 
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