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SALUD |
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La salud global está viviendo la contradicción de un mundo en el que nunca ha habido tanta inversión médica y al mismo tiempo tantas enfermedades y muertes previsibles y curables.
En esta época de crecientes riesgos, la salud humana se ve afectada por antiguas y nuevas enfermedades transmisibles. La tuberculosis, la malaria y el cólera, han aumentado su propia extensión así como el virus HIV/SIDA.
Por otro lado, las amenazas a la salud están siempre más relacionadas con la desnutrición y la degradación ambiental, como la contaminación del aire, de las aguas y de los suelos. La globalización de la producción y consumo perjudiciales, la deslocalización hacia el sur de las industrias contaminantes y la explotación de los recursos naturales son la causa directa de un gran numero de enfermedades de origen ambiental.
Es destacable el aumento progresivo, en todo el mundo, de las enfermedades no transmisibles, como las cardiovasculares, tumores, enfermedades mentales y la obesidad. La difusión en los países en desarrollo de los estilos de vida y de consumo de los países ricos hace que estas “enfermedades del progreso” sean consideradas actualmente como uno de los retos de la salud global. |
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Está aumentando en todo el mundo la mortalidad y las enfermedades relacionadas con las guerras y los conflictos, cuyas consecuencias en términos de salud no son sólo inmediatas, sino que afligen las poblaciones durante muchos años.
No se puede hablar de salud sin hablar de problemas de equidad. La desnutrición, la falta de acceso al agua potable, la falta de acceso a los servicios sanitarios esenciales son causas de millones de muertes evitables cada año, sobre todo infantiles. Más de dos millones de personas, en su mayoría niños, mueren cada año de diarrea y de otras enfermedades relacionadas con la distribución de agua potable y de falta de infraestructuras de desagüe adecuadas. Es destacable que un gran número de países en desarrollo siguan gastando más en el servicio de la deuda exterior que en educación o salud pública. Con respecto a los Objetivos de Desarrollo del Milenio son destacables algunas mejoras en los trés objetivos relacionados con la salud:
- Objetivo 4: Reducir la mortalidad infantil
- Objetivo 5: Mejorar la salud materna
- Objetivo 6: Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades
Sin embargo, las evaluaciones de las necesidades de los planes mundiales en materia de salud, así como de agua potable y saneamiento, indican que los actuales flujos de ayuda aún no cubren los recursos necesarios para alcanzar las metas correspondientes de los objetivos de desarrollo del Milenio. Como indicado de la misma OMS los resultados son insuficientes y los adelantos son particularmente lentos sobretodo en el África subsahariana. Es más, la OMS destaca en el último informe de 2008, que las diferencias a nivel de acceso a la salud son más agudas hoy que hace treinta años.
Cada año mueren casi 11 millones de menores de cinco años de edad. En 16 países, 14 de los cuales se encuentran en África, la mortalidad de menores de cinco años es superior a la registrada en 1990. Cada año, durante el embarazo o el parto mueren más de 500.000 mujeres, pese a que en Asia Sudoriental y África del Norte ha aumentado la proporción de partos asistidos. La mortalidad materna en el África subsahariana es 1000 veces mayor que en los países de ingresos altos.
El empeoramiento de la pandemia mundial de VIH/SIDA ha hecho retroceder la esperanza de vida y los beneficios económicos obtenidos en muchas partes de África.
Hay una clara relación entre la distribución de la riqueza y la distribución de la salud en el mundo, es destacable la iniquidad del gasto sanitario per cápita entre países ricos y pobres; de los 5000$ anuales de EEUU se puede bajar hasta los 5$ de los países menos desarrollados. Los avances tecnológicos de la biomedicina se concentran donde se pueden pagar sus prestaciones, y donde el exceso de oferta curativa hiperespecializada y el abuso de los fármacos, son las características de una visión eminentemente biologista de enfermedad, que olvida a menudo las dimensiones sociales y culturales de la salud, como el estilo de vida.
Las enfermedades cardiovasculares son todavía las que provocan el mayor numero de muertes en el mundo y están progresivamente difundiéndose en los países en desarrollo a través de los malos hábitos alimentarios, el aumento del tabaquismo, la difusión de las drogas y de todos los hábitos relacionados con el estilo de vida occidental. De hecho en apenas unas décadas, una gran parte de la población mundial ha pasado a vivir en condiciones de sobreabundancia alimentaria. A los productos sobrados de azucares y grasas hay que añadir la pasividad y la ausencia de ejercicio físico. Es preocupante si pensamos que en España el 14% de la población infantil es ya obesa.
En las sociedades hipermedicalizadas del mundo occidental, la salud, ántes entendida como consecuencia directa de elecciones personales y sociales ha sido remplazada por una concepción economicista de salud como bien adquirible y monetizable, dominio exclusivo de la clase médica. Esta concepción ilusoria, nos está cada vez alejando más de la responsabilidad personal y social de vivir una vida sana y equilibrada con nosotros mismos, hacia la sociedad y el medio ambiente. Merece una reflexión el hecho de que cada año se registren alrededor de 370.000 muertes prematuras en Europa debido a la contaminación del aire, cuyos costes sanitarios
asociados suponen entre el 3 y el 9% del PIB de la Unión Europea.
En los países más desarrollados es destacable, por un lado, una clara tendencia hacía el aumento de trastornos mentales como la depresión y la ansiedad, que se están convirtiendo en una de las mayores causas de inhabilidad. Por el otro, muchas de las enfermedades de estas áreas del planeta, están relacionadas con la exposición crónica a contaminación atmosférica y de los interiores, con efectos preocupantes sobre la morbilidad respiratoria y cardiovascular.
Otro factor de morbilidad, que no está recibiendo una adecuada atención a nivel institucional pese a los numerosos estudios desarrollados sobre el tema, es la interacción de la exposición ambiental con los factores genéticos, con particular atención a los disruptores endocrinos. Estas sustancias químicas están presentes en nuestra alimentación y se acumulan en el organismo humano, actuando como hormonas femeninas. Según datos de la Unión Europea, existen más de 550 de uso habitual en la industria, la agricultura y el hogar. Algunas investigaciones recientes apuntan que, debido a la exposición a los disruptores endocrinos en zonas altamente industrializadas, se pueden producir alteraciones en la concentración del semen de los varones (antes incluso del nacimiento, a través del cordón umbilical).
La disminución significativa de la calidad seminal en los países desarrollados está despertando una justificada preocupación. Según la Sociedad Europea de Fertilidad, hasta el año 1985 el número normal de espermatozoides en el eyaculado era de 100 millones/cc. A partir de 1986 esta normalidad se reduce a 60 millones/cc, y desde 1992, a 20 millones/cc. Para comprender la gravedad de la situación cabe destacar las conclusiones de un reciente estudio en territorio español que destaca que más de la mitad (el 57, 8 %) de los jóvenes españoles presentan un semen de calidad inferior a lo que la OMS considera normal (en volumen, movilidad y concentración).
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AUTOR |
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| Boris Lazzarini |
| Càtedra UNESCO de Sostenibilitat. Universitat Politècnica de Catalunya |
boris.lazzarini catunesco.upc.edu
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