Portal Sostenibilidad
El Proyecto La Sostenibilidad en 5 minutos Actualidad en Terra.org Volver Inicio

Dimensión Ambiental Dimensión Social Dimensión Económica Dimensión Institucional Temas Destacados
  FINANZAS  

     
BANCO MUNDIAL Y MEDIO AMBIENTE
     
     
  BANCO MUNDIAL E IMPACTOS AMBIENTALES

El Banco Mundial (BM) la más gran e influyente institución multilateral de financiación del desarrollo. Su actividad principal es el otorgamiento de préstamos a gobiernos de los "países en desarrollo". Fue fundado en 1945 en la Conferencia de Bretton Woods i actualmente cuenta con 184 países miembros.
La influencia del BM en el futuro de los países de la periferia es innegable, tanto por la financiación concedida (casi siempre condicionada a determinadas políticas de ajuste y siempre en forma de préstamos a devolver) como por la visión del desarrollo y del modelo económico que impone. A lo largo de los años, a través de sus préstamos y las “condicionalidades” que éstos han conllevado, el BM ha difundido por el mundo un modelo de crecimiento económico insostenible desde el punto de vista humano y ambiental: ha impulsado un modelo de agroindustria basado en los principios de la revolución verde y dirigido a la exportación; ha financiado controvertidos proyectos de infraestructuras (presas hidroeléctricas, industrias extractivas y grandes proyectos de transportes, entre los principales) con graves impactos ambientales y sobre las comunidades afectadas (obligando al desplazamiento de millones de personas en todo el mundo); ha contribuido a la generación y perpetuación de la crisis de la deuda, fomentando el sobreendeudamiento de los países del Sur, sin asumir nunca las responsabilidades; ha impuesto en el Sur un modelo de política económica neoliberal que ha priorizado el crecimiento macroeconómico y ha descuidado de forma dramática las necesidades más básicas de la población; etc.
 
     
     
 
 
 
La institución realmente recibe el nombre de Grupo Banco Mundial, y comprende cinco organizaciones: la institución original, el Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo (BIRD, o BIRF cuando se usa Fomento en vez de Desarrollo) y la Asociación Internacional de Fomento (AIF), cuya función es ofrecer financiación (préstamos) a los países de renta media y baja, respectivamente, para proyectos y políticas de desarrollo y lucha contra la pobreza; la Corporación Financiera Internacional (CFI), que ofrece apoyo financiero al sector privado (mayoritariamente empresas transnacionales del Norte) que quieran invertir en los países empobrecidos; el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (OMGI), que ofrece garantías a los inversores contra pérdidas provocadas per riesgos no comerciales (expropiaciones, inconvertibilidad de monedas y restricciones a las transferencias, y guerras y altercados civiles); y el Centro Internacional para el Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (CIADI), que ejerce de arbitro en conflictos entre inversores extrangeros y las instituciones en los países del Sur. Además, el Grupo BM cuenta con el centro de investigación y documentación más reconocido de todo el mundo en el ámbito del desarrollo, con una clara influencia sobre las agencias de desarrollo y sus políticas, tanto en el Norte como en el Sur.
A lo largo de las últimas décadas el BM ha sido el foco de múltiples críticas por parte de movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales, comunidades afectadas por sus proyectos, instituciones como el PNUD y académicos en todo el mundo. Las críticas se podrían agrupar en dos grandes bloques: las consecuencias de las condicionalidades que conllevan la mayor parte de los préstamos y programas de alivio de la deuda del BM, lo que tiene su máximo exponente en los préstamos ligados a los Planes de Ajuste Estructural impulsados conjuntamente con el FMI; y los impactos ambientales y sociales de los proyectos de “desarrollo” financiados directamente por el Banco. Así, a pesar de su discurso en pro de la lucha contra la pobreza (el lema del BM es en teoría “Nuestro sueño es un mundo sin pobreza”), sus acciones y políticas indican que a lo largo de su historia se han priorizado los intereses de los grandes poderes económicos (sobre todo las empresas transnacionales de Norte), mientras las necesidades y el bienestar de las poblaciones empobrecidas, así como la protección del medioambiente, han quedado relegados a un segundo plano. Un ejemplo de todo ello son las declaraciones que Lawrence H. Summers hizo en un memorando al staff del BIRF en 1991, cuando era jefe económico del BM: “Entre nosotros, ¿no debería el Banco Mundial promover más la migración de industrias contaminantes a los países menos desarrollados?”. El argumento de Summers era que en esos países el coste económico de esa contaminación y sus impactos sobre el medio y la salud de las personas era claramente menor que en los países desarrollados.
En Julio de 2001, ante las numerosas críticas de la sociedad civil sobre la implicación del BM en proyectos de indústrias extractivas (petróleo, gas y mineria), con enormes impactos ambientales y sociales, el Banco lanzó una revisión independiente conocida como “Revisión de Industrias Extractivas” (Extractive Industries Review - EIR). El informe, realizado de forma participada por la sociedad civil de múltiples países, concluyó en 2004 que los proyectos de energías fóssiles y minería no alevian la pobreza y estan generalmente ligados a problemas de violación de los derechos humanos e impactos ambientales, y recomendó que el BM decretara una moratoria de éste tipo de proyectos hasta 2008, invirtiendo los recursos liberados en energias renovables. La Junta de Directores no aceptó la mayoría de las recomendaciones del informe. Finalmente, también el IFC ha recibido críticas por los impactos ambientales de los proyectos que financia en el sector privado. Ante estas críticas ha realizado recientemente (febrero 2006) una revisión de sus estándares ambientales. Para las organizaciones de la Sociedad civil esta revisión ha quedado muy por debajo de lo esperado: no se especifica cuando debe haber consulta con las poblaciones locales afectadas por sus operaciones, no proteje adecuadamente los derechos de los pueblos indígenas sobre sus tierras y recursos inaturales (incluyendo su derecho a dar consentimiento informado), socaba la política ya existente del BM respecto a reasentamientos de la población y no requere asesoramiento y verificación de los impactos de los proyectos, dejándolo todo en manos de los informes de las empresas.
 
     
  AUTOR  
 
Iolanda Fresnillo
Observatori del Deute en la Globalització
 
 
> Subir

Creado y mantenido por:   Con la colaboración de: