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ENERGÍA
     
     
  La energía es un recurso básico de la humanidad. La evolución del hombre desde su aparición en la faz de la Tierra ha ido ligado con la introducción o dominio de algún nuevo recurso energético, así, podemos destacar a grandes rasgos el paralelismo existentes entre las grandes fases ecológicas de la humanidad y el uso de nuevos recursos energéticos. La fase ecológica de cazadores – recolectores se caracteriza por la utilización de la energía muscular humana y el dominio del fuego. Posteriormente y debido a los perfeccionamientos tecnológicos se desarrolla la nueva fase ecológica agrícola, que se caracteriza por la utilización de los recursos energéticos provenientes de la fuerza de los animales domésticos y de las energías renovables. Seguidamente, se desarrolla la fase ecológica industrial, cuyo rasgo principal es el dominio y utilización de las energías no renovables y de ellas los combustibles fósiles. A mediados del siglo XX se domina un nuevo recurso energético (la energía nuclear), y poco a poco se da pasos hacia una nueva fase ecológica, incierta, que se caracteriza por los grandes problemas globales producidos por el uso masivo de los combustibles fósiles y nucleares de la fase anterior; así como el previsible agotamiento de los primeros.  
     
     
 
 
 
ENERGIA
El vector energético mundial es el conjunto de recursos de energía primario que cubre la demanda energética a nivel mundial. Hoy en día, el 75 % de este vector es cubierto por energías primarias provenientes de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural), que además, son los que con su utilización emiten a la atmósfera el dióxido de carbono, uno de los gases efecto invernadero que tienen más impacto, en cuanto a cantidad, en el calentamiento de la Tierra y el Cambio Climático. El resto del vector energético está compuesto por un 6 % por la energía nuclear, un 7 % por la energía hidráulica y el resto (13 %) que engloba a todas las demás fuentes de energía primaria (renovables, RSU, etc.). La demanda mundial de energía se duplica aproximadamente cada 22 años. Esto es debido principalmente al fuerte crecimiento económico global y en un segundo termino al incremento de la población en el mundo.
Ante esta expectativa de crecimiento de la demanda energética, con un modelo basado en el consumo intensivo de combustibles fósiles, nos encontramos con dos graves problemas. Primero los combustibles fósiles son recursos no renovables y escasos, se valora que en la primera mitad del siglo XXI se agotarán las reservas de petróleo y gas natural, aunque el carbón puede durar cientos de años más, ya que sus reservas son inmensas. Segundo, el grave impacto ambiental y social que esta produciendo el consumo de combustibles fósiles al ser el sector que contribuye más a las emisiones de gases efecto invernadero, y por consiguiente al incremento de estos gases en la atmósfera, al calentamiento de esta y los fenómenos asociados que se denominan “el Cambio Climático”. Cualquiera de estos dos hechos tiene peso suficiente por si solo para producir en el presente siglo una crisis energética sin precedentes. Es el sector que pone más en evidencia que el modelo de desarrollo actual es totalmente insostenible. Si se sigue incrementando el consumo y demanda de estos recursos con la tecnología imperante, los servicios y productos que nos proporcionan los ecosistemas naturales están en peligro, poniendo a su vez en peligro la propia supervivencia de la humanidad. Por ello el tema energético es clave para el desarrollo sostenible.
Ante esta tesitura, las instituciones de carácter internacional y muchas de carácter nacional y regional intentan por una parte desmaterializar la economía, es decir que se desacoplen estos dos fenómenos (demanda de energía y crecimiento económico) y por otra parte variar el modelo energético promocionando y promoviendo el uso de las energías renovables (solar, eólica, minihidráulica y biomasa), para que sean predominantes dentro del vector energético a medio y largo plazo.
Las políticas para incrementar la desmaterialización de la economía se basan en incrementar la eficiencia energética especialmente en los procesos productivos y en general en todos los sectores económicos. Las políticas para la promoción de las energías renovables se basan en subvenciones, normas de apoyo y una mejor fiscalidad para el uso de este tipos de energías y la internalización en el precio de los combustibles fósiles de parte del impacto ambiental que producen. Un ejemplo claro de ello, lo tenemos en el Mercado de Emisiones promovido entre los firmantes del Protocolo de Kyoto (1997).
A pesar de estos esfuerzos, el estado actual de la demanda energética y de los recursos y tecnologías que se utilizan para cubrirla, nos dibuja un panorama poco halagüeño.
 
     
  AUTOR  
 
J.J. de Felipe
Càtedra UNESCO de Sostenibilitat. Universitat Politècnica de Catalunya
 
 
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